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Castrismo, nacionalismo, tercera posición y su influencia en el Socialismo bolivariano

Actualizado: 16 nov 2020

El propósito del presente texto es establecer unas coordenadas para definir los antecedentes y las bases ideológicas del Socialismo bolivariano, labor que ya hemos de una forma breve en «Destejer el socialismo bolivariano» publicado en El Catoblepas en su número 190 (http://www.nodulo.org/ec/2020/n190p03.htm). En ese artículo el Socialismo bolivariano, como la ideología que promueve el chavismo, es catalogado como una derecha no alineada de acuerdo a las coordenadas del materialismo filosófico, específicamente como una derecha indefinida. Las derechas no alineadas, o no tradicionales, son las que están en oposición a las alineadas o tradicionales. Es decir, las modulaciones definidas en la obra: véase primaria, liberal y socialista. Su no alineación hace que puedan tener elementos en común con las izquierdas tradicionales, de modo que puedan entenderse análogamente de izquierdas y de derechas desde la posición que se parta. (Bueno, 2008, pp. 263-265). La consideramos indefinida, dentro de las no alineadas, porque no es una mera reexposición de alguna de las derechas no alineadas del siglo XX, ni una refluencia indeseada de los tercerposicionismos (Bueno, 2008, pp. 293-295). Por el contrario, consideramos que el MBR-200 se gesta, en principio, como una alternativa a los bloques hegemónicos de la Guerra Fría, por lo que presenta una tercera vía, pero cuando se gesta su evolución, ya con la caída de la URSS y casi para el comienzo del siglo XXI, resulta en una reinvención ideológica que se ajustaría al nuevo contexto político del mundo donde el bloque hegemónico es los EE.UU. En este sentido, tal reconstitución ideológica es clara en el año 2005 con el Libro rojo.


I. La ideología castrista y su influencia en el MBR-200. Revisiones al paradigma tradicional


La Revolución Cubana es esencial para comprender los movimientos nacionalistas en el Tercer Mundo, en tanto ven en la lucha armada la mayor forma de conquista del poder. Sin embargo, esto no es una base marxista-leninista. Por supuesto, los marxistas-leninistas toman la lucha armada como un componente esencial del ABC ideológico del marxismo pero a movimientos como el cubano, aunque los aceptaron por conveniencia política, fueron catalogados históricamente de aventurerismos revolucionarios. De infantilismo de izquierdas o terrorismo individual.


Esto era considerado una desviación anarquista, izquierdista. Bien sabido es que el M-26-7 cubano es un movimiento nacionalista, antiamericano que viene de una tradición nacionalista ya conocida en Cuba y que, repentinamente, muestra un viraje hacia la Unión Soviética tras el empeoramiento de las relaciones con Estados Unidos, a pesar de haber negado el comunismo —we are not communist— y otro sinfín de manifestaciones políticas de esta índole. Un ejemplo de la percepción que se tenía sobre Cuba, para entonces, era que por ejemplo en Madrid se celebró la derrota de Batista y que el franquismo no dudó en aceptar el nuevo cónsul cubano, ni en estrechar las mejores relaciones. Así figura en la televisión española, en enero de 1959:


Los cubanos partidarios de Fidel Castro residentes en Madrid celebran el triunfo de su movimiento y Agustina, la hermana menor del Jefe de la Revolución victoriosa, se suma a sus compatriotas que depositan flores ante el monumiento erigido en el Parque del Retiro en honor de la República de Cuba. En el acto pronunció un discurso de caracter patriótico el nuevo consul Don Manuel Payán, para congratularse del éxito alcanzado por el Movimiento

26 de Julio y del Directorio Revolucionario, así como de la victoria de Fidel Castro y sus seguidores. En la Iglesia de las Descalzas Reales se celebra finalmente una misa organizada por la Asociación de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en honor de la Patrona de Cuba como acción de gracias por la terminación de la guerra civil.


Creemos que en otro contexto, el franquismo no hubiera permitido la celebración de ningún alzamiento comunista. Podemos contemplar como las juventudes falangistas apreciaban los aspectos revolucionarios del proceso cubano ya que constituía, bajo su forma de ver las cosas, un desafío a las democracias occidentales y a los Estados Unidos mientras que aún no se alineaba a la Unión Soviética. El modelo cubano era visto como una tercera posición entre dos agentes que se disputaban el mapa geopolítico, de aquí a que también el autor mencione que algunos como Martin Villa compararan a las guerrillas latinoamericanas, bajo el esquema cubano, con los orígenes de la Falange. (Virga, 2018, p. 158). Castro, por su parte, es un personaje curioso por muchos motivos: su complejidad ideológicamente hablando.


Fidel Castro fue un nacionalista, en plena armonía con las ideas de Martí, por las Juventudes del Partido Ortodoxo hasta poco antes de irse a la Sierra Maestra. El joven abogado es uno de los partícipes del asalto al Cuartel Moncada, una acción que pocas reivindicaciones comunistas tenía. Más bien, ninguna reivindicación de carácter comunista. Por supuesto, que Castro tenía ideas más radicales que las de Chibás, y el ala conservadora de los Ortodoxos, es un hecho como lo relata Coltman (2003) al sugerir que Chibás no tenía una opinión, necesariamente, positiva de Castro a pesar de apreciar sus esfuerzos por el simple motivo de que el radicalismo le haría perder sus conexiones (p. 26).


Curioso es saber que durante un discurso del joven Castro, en el que muchos comunistas quedaron impresionados y otros horrorizados, este mencionó que un verdadero Gobierno revolucionario trabajaría para la nación acabando con las divisiones de clases y raza, así como las diferencias entre explotadores y explotados en un visión muy distante de la marxista, pues abrazaba un armonismo de clases bastante claro. Unos vieron bien la línea contra el imperialismo y otros vieron sus ideas bastante afines al fascismo, que abogaba por la idea de un Estado ético que hiciera a todas las clases colaborar dentro del marco estatal, nacional. La nación era más importante que los intereses de clase según los fascistas. El joven Castro sentía admiración por el patriotismo revolucionario de Stalin pero criticaba con fuerza la sumisión, o lo que él consideraba sumisión, de los comunistas a la Internacional y por tanto, al Kremlin. (Coltman, 2003, p. 39). Lo más parecido a esta cosmovisión era el peronismo, que estaba en el poder en Argentina. Perón llamaba a una tercera vía en contra de los poderes hegemónicos, era antiimperialista en esencia y casi parecía tener posturas similares a la de la autarquía fascista de los últimos años del fascismo en la República Social Italiana.


Ahora, conviene no extendernos demasiado, para poder establecer las analogías con el MBR-200. Creemos que lo anterior sirve como un marco analítico breve pero suficiente para aclarar nuestras posiciones. El castrismo es una ideología nacionalista, revolucionaria que se ecualiza con la adopción de principios del Socialismo realmente existente soviético una vez que hace su viraje geopolítico a la URSS, siendo tutelada Cuba por esta aunque con un grado de autonomía considerable. Es decir, Cuba tuvo libertad por años de emprender su propia política como lo demuestra Latinoamérica, en la gestación de guerrillas, o en Angola. Incluso la Crisis de los Misiles genera problemas entre Jruschov y Castro porque este último deseaba la presencia permanente de los mismos. El primero solo utiliza a Cuba como terreno de negociación. La logia del Samán de Güere hereda estas posiciones de nacionalismo tercermundista, tan vistoso en Siria, Libia y Egipto. Incluso en Argentina y Cuba. Bastante de nasserismo, socialismo árabe, peronismo y castrismo hay en la ideología bolivariana del movimiento militar.


Entre sus aspectos distintivos, todavía en la época militar, se encuentra el rechazo a lo que el chavismo mira como una oligarquía putrefacta, tradicional y entreguista. Propone su eliminación como clase aunque nunca plantea las vías, como cuando el ABC marxista-leninista sí lo hace con la Dictadura del proletariado. Esto es planteado desde una de las raíces: la zamorana. Horror a la oligarquía, en palabras de Zamora. De conformidad con esta raíz zamorana, el MBR-200 propone el Estado federal zamorano como una solución a todos los problemas locales, un Estado que tenga poder pero que no concentre (Chávez, 2013, pp. 50-51). Un aspecto tradicional del chavismo, a pesar de que hoy día ha desencadenado una centralización absurda y disfuncional, es el abrazar la federalización. Habría que coger criterios específicos para definir a Zamora. A nuestro juicio, Zamora no dista mucho de los agraristas fineses históricos o de los eseristas rusos. En ambos movimientos había un germen raccionario, a pesar de sus intentos de socialización.


La ruptura con lo que ellos denominan un modelo fracaso, y en general con el resto de los esquemas sociopolíticos existentes como las democracias homologadas o el Telón de Acero, es el pensamiento robinsoniano, la primera raíz, que se entiende desde una originalidad política. Inventamos o erramos es la máxima. (Chávez, 2013, pp. 41-49). Al sentenciar esta máxima, los militares del Samán de Güere se desprenden de lo realmente existente. Idea que, sin embargo, puede encontrarse en un nacionalismo revolucionario promovido por Douglas Bravo quien, al tiempo, se distanciaría de los chavistas en el poder. La doctrina bolivariana, en la segunda raíz, ratifica la idea de gestar un nuevo modelo de sociedad. Las limitaciones del chavismo actual, tras veinte años de gobierno, las conocemos: desembocó en la degeneración flagrante de la sociedad política venezolana. Pero claro, nuestra idea al reconocer que se proponen la construcción de otro esquema es no irnos a una visión poco realista de la situación. Reconocemos, esencialmente, el fracaso del modelo bolivariano promovido por el chavismo temprano y ratificado por el tardío.


La idea del espíritu del cuerpo social, o de la primacía de la cultura, es también promovida en el Libro Azul, cuando Chávez (2013) sugiere que «más allá del sistema social, existe la cultura como elemento estratégico del modelo de sociedad, entendida dentro de un nivel de conceptualización sumamente dinámico que trasciende la mera noción patrimonial inventiva y cognitiva hasta abarcarla estructura ideológica del cuerpo social». (p. 63). El papel de la cultura para el bolivarianismo de corte chavista tiene un papel central, en tanto supone un rol transformador y revolucionario.


Chávez mira procesos importantes en su juventud, y en los momentos en los que sirve en el Ejército, como la Revolución Cubana cuando todavía era muchacho, la guerra en Argelia, el alzamiento de Nasser, el golpe del coronel Gadafi a Idris de Libia, la extensión del panarabismo socialista de Michel Aflaq y otros movimientos, de corte nacionalista, como el proceso revolucionario de Thomas Sankara en Burkina Faso. Todos estos procesos tienen en común su rechazo a la economía capitalista, a una nueva vía y a su aversión al comunismo. De hecho, estos movimientos tienen semejanzas puntuales y cuando se alinean a la URSS es por geopolítica como cuando afganos, monárquicos e islamistas, fueron aliados de la URSS en sus primeros años.


Una coincidencia importante que encontramos con Aflaq respecto a movimientos como los anteriormente mencionados, es precisamente su negación del marxismo. En este sentido, Aflaq consideraba que la nación árabe no requería de ninguna filosofía materialista puesto que el espíritu es la gran esperanza, es el motor que mantiene viva a una nación. De acuerdo a su punto de vista, el comunismo no es un sistema económico sin más sino que es un mensaje materialista y, por tanto, artificial que niega el nacionalismo y lo que él cree que es una base histórica espiritual de cada pueblo —el árabe en el caso de Aflaq—, así como el comunismo para el ideólogo árabe representa la imposición de una política exterior ajena —la soviética—, un sistema de gobierno concreto, uno social, una vida intelectual y moral determinada que dista de la que tendría que ser la árabe. (Babikian, 1977, pp. 291-292).


II. La reconstitución ideológica del I Congreso del PSUV


Una de las razones para encasillar al Socialismo bolivariano entre las derechas indefinidas es, precisamente, su reconstitución ideológica. La adopción de principios de izquierdas históricas, como la comunista, o de otras derechas de carácter extravagante como la Teología de la liberación es lo que hace más ambiguo el asunto, ideológicamente es una síntesis que puede resultar extraña y de difícil comprensión. Creemos que hay que considerar, en este proceso ideológico, el cómo se funden varios sectores o facciones adscritas anteriormente al MVR, entre el nacionalismo y algunas izquierdas. Otra razón es la ecualización entre izquierdas y derecha, en el sentido de que el chavismo se adapta al contexto del siglo XXI y adopta categorías como «crisis del capitalismo mundial», «la amenaza imperialista» —en referencia a los EEUU— y la «construcción del socialismo bolivariano» como un socialismo específico, un socialismo en Venezuela que haga ruptura con lo económicamente imperante: el capitalismo. Toma, a su vez, elementos distintivos de la organización partidista del leninismo: Partido de vanguardia, internacionalismo, centralismo democrático. Pese a no practicar ninguno de estos, como se puede apreciar.


El chavismo toma para sí también la retórica de la construcción del socialismo, en períodos, de modo que habla de una Era Bicentenaria como su prolepsis, aunque esencialmente esto sea idealismo puro. A pesar de que en principio el movimiento, respecto al Estado, se reconoce federalista, con la reconstitución se reconoce unitario. Se asume marxista, no entendiéndose si se trata de un marxismo genérico, no talmúdico, o de un marxismo instrumentalizado, político. Creemos que puede ser lo primero aunque se ha evidenciado el pésimo manejo del chavismo respecto a categorías marxistas, se ha evidenciado como el chavismo ni siquiera ha difundido la obra de los más prominentes marxistas venezolanos: Salvador de la Plaza, Gustavo Machado, Ludovico Silva, etcétera. Es, por tanto, un marxismo ecléctico: la instrumentalización de algo que puede resultar útil para aglutinar otros componentes en el Partido. Lo que se suele considerar en las ciencias políticas como un Partido atrapalotodo. Sin duda, los nuevos principios ideológicos son contrarios y se niegan mutuamente. Es decir, promueven un socialismo cristiano mientras se autodenominan marxistas. Se promueven como religión civil, en razón de la primacía de la cultura y de su carácter transformador mientras que, al mismo tiempo, abrazan la religión formal, ceremonial. Aunque, por lógica, la primacía de la religión civil —la sacralización de la política— sea bastante evidente, el culto a Chávez o el desmesurado patriotismo bolivariano. Un culto, erigido con toda intencionalidad, sobre la nación como si la nación hubiera sido refundada y por tanto recayera sobre la idea de una nueva sociedad chavista, que gira además en torno de la figura del Comandante Supremo.


El secuestro de principios ajenos, en una vulgar síntesis, puede notarse pero su importancia, en cuanto instrumentalización y mitología política, es esencial para la gestación de un ideal nacional bolivariano. No están esos principios en vano, por mero eclecticismo. El chavismo busca cohesionar polos políticos, independientemente del credo que puedan tener siempre y cuando estos partan de la Revolución Bolivariana —el mayor mito político del chavismo, parte de la Santa Trinidad chavista— y no vayan en contra de ella. Todo dentro de la Revolución Bolivariana, nada fuera de la Revolución Bolivariana. La «nueva» nación bolivariana, una invención que a los patriotas nos parece catastrófica y denigrante, es la idea de religión civil bolivariana. Este énfasis en la religión civil ya lo hemos señalado en otros trabajos referentes al fascismo, a la sacralización política. (Levis Sullam, 2015, pp. 115-116).


Bibliografía:

  • Babikian, N.S. (1977). A Partial Reconstruction of Michel Aflaq's Thought. The Muslim World, 67: 280-294. doi:10.1111/j.1478-1913.1977.tb03332.x

  • Bueno, G. (2008). El mito de la derecha. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, S.A.

  • Chávez, H. (2013). El Libro Azul. Caracas: Ediciones Correo del Orinoco.

  • Coltman, L. (2003). The Real Fidel Castro. New Haven: Yale University Press.

  • Levis Sullam, S. (2015). Giuseppe Mazzini and the Origins of Fascism. Basingstoke: Palgrave MacMillan.

  • Virga, A. (2018). Fascism and Nationalism in Cuba: A Case Study on the Global Projection of an European Ideology. Recuperado de http://e-theses.imtlucca.it/242/1/Virga_phdthesis.pdf





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