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El Fanatismo político desde otro punto de vista


No es un secreto que el fanatismo político, es una de las causas principales de muchas tragedias electorales, pero ¿Sabemos cómo no caer en él?


En disonancia con la mayoría de textos que explican cómo a través del adoctrinamiento y/o la manipulación nace el fanatismo político, este artículo trata una posibilidad poco considerada: ¿Puede éste emerger desde nuestra individualidad?


La respuesta es sí, pero lo importante es el cómo. Se debe tener presente que cada ciudadano piensa que sus ideas son las mejores, por eso aquel que ejerce el sufragio, vota por el candidato que pretenda llevar éstas a cabo, no obstante, esto es solo una verdad a medias.


En este punto precisamente es donde puede nacer el fanatismo político sin influencia de terceros, cuando un individuo, en vez de elegir al partido o figura que mejor se adapte a sus ideales, pretende que uno que no lo hace se adhiera a ellos, lo cual es un grave error. Aquel que ejerza el derecho al sufragio no puede esperar que un político o partido político que le agrada o por el cual ya votó antes, cambie repentinamente el ideal de sus objetivos, generando así un clima en el cual un alto porcentaje de población votante se expresa nuevamente a favor del mismo partido sin estar realmente convencido de su decisión.


Este fenómeno se puede apreciar, por ejemplo, en el año 2019 en Argentina con Mauricio Macri a pesar de haber perdido y hace algunos años en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro (2006, 2012. Y 2013 respectivamente). Donde un buen porcentaje de la población votante de estos candidatos ya no estaban de acuerdo ni con los ideales, ni con las acciones que tomaron éstos, pero por una cuestión fundamental del fanatismo los volvieron a elegir. Y es que la política no se debe tratar como un equipo de fútbol por ejemplo, al cual se debe apoyar cuando acierta y cuando falla, cuando gana y cuando pierde, no, cuando el candidato que se eligió empieza a tomar medidas con las que el individuo difiere, éste debe inmediatamente empezar a revisar quiénes serán los siguientes postulados y con cual sus pensamientos congenian mejor.


No hay segundas oportunidades


No hay un “te apoyo aún así me hayas fallado”. Cuando esa persona o grupo de personas deje de representarme, yo como elector tengo el deber de elegir a otro que sí me represente, a otro que haga lo que yo haría y que me lo demuestre después.


¿Cuántas personas no volvieron a votar por Hugo Chávez, bajo las premisas: “esta vez sí lo hará bien”, “se ha venido equivocando pero este periodo seguro que cambia”? Muchas, sólo hacía falta salir a la calle el día de las elecciones y entrevistar a las personas que lo volvieron a elegir para corroborar esto ¡Vaya de qué terrible y prolongada dictadura fueron cómplices! Votando por un sujeto que ni siquiera los representaba más, por la vagancia de no querer tragarse el orgullo y empezar a evaluar la opción de su verdadero agrado intelectual.

Con esto no quiero reflejar que estos votantes que tiraron sus ideales por la borda sean los máximos responsables de las crisis, pero sí quiero exponerlos porque forman parte importante de los electores responsables de malos gobiernos, todos bajo la errada lectura política de “darles una segunda oportunidad”.


Pues el ejercicio político del que tanto nos quejamos no cambiará mientras el fanatismo sea el motor que mueve la mayoría de las instituciones y personas a la hora de intervenir y participar en los asuntos públicos.

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